Primer tratado
Escrito está:
"Así que, hermanos, estad firmes, y
retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra."
2da Tesalonicenses 2:15
A
todos los hermanos en Cristo Jesús: Gracia y paz, de Dios nuestro Padre y de nuestro
Señor Jesucristo.
Primeramente,
doy gracias a mi Dios por esta oportunidad que da a su siervo, de emplear este
medio para publicar lo que hemos aprendido de la sana doctrina, la palabra del
único y sabio Dios. Confío en el Señor Jesús en que, con humildad y con plena
certidumbre de fe, él cumplirá también en nosotros lo que dijo por medio de su
siervo Pablo, a nuestros hermanos que vivían en Filipos, según está escrito:
“estando persuadido de
esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el
día de Jesucristo;” Filipenses 1:6
Y
de que la palabra de Dios es el instrumento establecido por él para nuestro
perfeccionamiento (esto es, nuestro pleno equipamiento) para vivir como
cristianos, es evidente, pues escrito está también, que:
“Toda la
Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para
corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea
perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.” 2da Timoteo
3:16-17
Tengamos
presente hermanos, que el ser perfecto no es ser infalible, esto es, incapaz de
cometer errores o de tener tropiezos. El ser perfecto es como dice la
Escritura, el estar enteramente preparado para toda buena obra (esto es, para
hacerlas y enseñar) del camino que Dios mismo en su preconocimiento de todas las
cosas estableció, como dice también la Escritura, de antemano:
"Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios
preparó de antemano para que anduviésemos en ellas." Efesios 2:10
También
dijo el apóstol, inspirado por el Espíritu Santo, a los hermanos que vivían en
Filipos, lo que está escrito:
“Pero cuantas
cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y
ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del
conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y
lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi
propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la
justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su
resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante
a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los
muertos.
No que lo haya
alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir
aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.
Hermanos, yo mismo no
pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que
queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo a la meta, al
premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Así que, todos los que
somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo
revelará Dios.
Pero en aquello a que
hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa.” Filipenses
3:7-16
Momentos
antes (Filipenses 3:4-6) el apóstol
ponía de manifiesto a los hermanos de Filipos todo lo que había logrado como
israelita delante de Dios en cuanto a las exigencias de la ley, en contra de
los judaizantes. Y que todos esos logros que antes consideró ganancia, los
estimó como pérdida por amor de Cristo, y que persistía no sólo en considerarlo
pérdida, sino que lo estimaba como basura, para ganar a Cristo; esto es, para
ser como él y para ser hallado delante de Dios, en Cristo, no como aprobado por
su propia justicia (lo alcanzado por él según la ley), sino por la justicia que
es de Dios por la fe, la justicia que es por la fe de Cristo (la cual se alcanza
solo por la gracia).
Su
meta como justificado delante de Dios por la fe de Cristo era ser como dice,
semejante a él, a Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador, hasta en su muerte.
Pablo
era también consciente que, aunque era apóstol de Jesucristo, no había
alcanzado ese grado de perfección total (ser semejante a Cristo hasta en su
muerte), pero proseguía en esto (en ser semejante a Cristo delante de Dios)
olvidando todo aquello que dejó atrás, todos sus logros según la ley, y
proseguía a la meta, que es el supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Este
sentir, el de despojarse de todo para obedecer el llamado de Dios, fue también
el mismo sentir de Cristo Jesús nuestro Señor (como es declarado en la misma
carta a los hermanos Filipenses, Cap.
2:1-11) y es el sentir que debe haber también en todos los perfectos, esto
es, de los que enteramente preparados por la palabra de Dios para toda buena
obra, prosiguen al igual que el apóstol siervo de Dios, hasta alcanzar la meta
del supremo llamamiento de Dios.
Así
pues, declara el Espíritu por medio del apóstol que “en aquello a que hemos
llegado” (en este camino de perfeccionamiento por la Escritura) no solo debemos
tener el mismo sentir de Cristo Jesús, sino también debemos seguir “una misma
regla”. La sana doctrina, la Palabra de Dios fue, es y será siempre la única
regla a la cual debemos sujetarnos.
Y
es por esto, el hecho de proseguir a la meta siendo semejante a Cristo (como en
otro lado también dice: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”
1era Corintios 11:1) que con la autoridad que recibió de parte de Dios en
Cristo Jesús nuestro Señor, que dijo el siervo de Cristo:
“Hermanos, sed
imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis
en nosotros.” Filipenses
3:17
También
declaró por el mismo Espíritu del Señor a los hermanos que vivía en Tesalónica
respecto de aquellos que diciéndose hermanos, andaban desordenadamente y no
según la enseñanza dada por Dios por medio de los apóstoles enviados por el
Señor Jesucristo:
“Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis
imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni
comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y
noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviésemos
derecho, sino por daros nosotros un ejemplo para que nos imitaseis.” 2da
Tesalonicenses 3:7-8
Hasta
aquí, tengamos hermanos siempre presentes las mismas palabras de nuestro Señor
y Salvador Jesucristo, cuando estando en este mundo en los días de su
ministerio, dijo:
“El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que
fuere perfeccionado, será como su maestro.” Lucas 6:40
Teniendo
pues, este principio dado por nuestro Dios, obedezcamos lo dicho por el
Espíritu del Señor por medio de su siervo:
“Sed, pues,
imitadores de Dios como hijos amados. Y andad en amor, como también Cristo nos
amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor
fragante.” Efesios 5:1-2
Y
finalmente, tengamos presente que nuestra mirada mientras estamos en este
mundo, debe estar puesta arriba, como dice:
“Si, pues,
habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo
sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las
de la tierra.
Porque habéis muerto,
y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida,
se manifieste, entonces también vosotros seréis manifestados con él en gloria.”
Colosenses 3:1-4
Pues
con Cristo estaremos arriba, como dice:
“Mas nuestra
ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor
Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que
sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede
también sujetar a sí mismo todas las cosas”. Filipenses
3:21
Así
que entre tanto estemos en este mundo, sigamos en todo el ejemplo que de
nuestro Dios hemos recibido en Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador, y en sus
siervos que por inspiración del Espíritu Santo nos dejaron la Palabra de Dios y
nos mandaron esto mismo, de ser cristianos, esto es, de Cristo, en todo nuestro
hacer y enseñar.
Que
la gracia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo sea con todos los que, en todo
lugar, aman al Señor como dice la Escritura, con amor inalterable. Amén.
Comentarios
Publicar un comentario