Segundo tratado, primera parte
Escrito está:
"Después fue Bernabé a Tarso para
buscar a Saulo;
y hallándole, le trajo a Antioquía.
Y se congregaron allí todo un año con la iglesia,
y enseñaron a mucha gente;
y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez
en Antioquía."
A
todos los hermanos en Cristo Jesús: Gracia y paz les sean multiplicadas, de Dios nuestro Padre y de
nuestro Señor Jesucristo.
Doy
gracias a mi Dios mediante Jesucristo nuestro Señor y Salvador, por esta
segunda oportunidad que da a su siervo para poder escribirles, y ruego al Dios
y Padre nuestro que les dé, conforme a su buena voluntad para con todos
nosotros, pleno entendimiento de todo aquello que él nos ha manifestado según
el designio de su voluntad, en las sagradas Escrituras; por lo cual digo a cada
uno de los que leen, lo mismo que el apóstol Pablo inspirado por el Espíritu
Santo, escribiera a Timoteo, según está escrito:
“Considera lo que te digo, y el Señor te dé
entendimiento en todo.” 1era Timoteo 2:7
Hablando
Pablo inspirado por el Espíritu a los hermanos que vivían en Roma sobre los que
no han conocido a Dios, dijo:
“Porque las
cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles
desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas,
de modo que no tienen excusa.” Romanos 1:20
Y
este principio, esto es, el hecho que nuestro Dios nos
hace entender, por medio de las cosas hechas por él, lo invisible de él,
fue también declarado desde tiempo antiguo a la nación de Israel, cuando dijo:
"Los cielos
cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento
anuncia la obra de sus manos." Salmo 19:1
Ahora
bien; teniendo este principio presente, recordemos que todo aquel que creyó en
el testimonio acerca de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, dado por su Espíritu
por medio de las Sagradas Escrituras, es llamado por Dios, una nueva creación,
una nueva criatura, como está escrito:
“De modo que si
alguno está en Cristo, nueva criatura es;
las cosas viejas
pasaron;
he aquí todas son
hechas nuevas.” 2da Corintios 5:17
El
creyente es aquel que habiendo recibido la palabra de Dios anunciada por parte
de sus hijos, la ha oído y la ha recibido verdaderamente como lo que es, la
palabra de Dios, la cual actúa poderosamente en el creyente (1era Tesalonicenses 2:13) quien ha recibido
a Cristo como quien es: Dios manifestado en carne (Juan 8:54, 10:30; 1era Timoteo 3:16). Por lo cual, el creyente:
-
Ha sido hecho
hijo de Dios por la potestad dada por Cristo mismo y por la voluntad de Dios (Mateo 28:18, Juan 1:12, Efesios 1:3-6).
-
Ha sido
justificado -el ser declarado justo- (Romanos
5:8) lo cual le da paz para con Dios (Romanos
5:1); paz dada por Cristo mismo.
-
Ha sido puesto
por la fe y por Cristo mismo, en la gracia en la que ahora está firme (Romanos 5:2) y que lo libera del poder
del pecado en su vida y de la ley que Dios diera a los hijos de Israel (Romanos 6:14).
-
Ha sido sellado
con el Espíritu mismo de Dios (su presencia permanente en el creyente) quien le
da testimonio de su condición de hijo de Dios (Romanos 8:16) y quien representa un “primer adelanto” de nuestra
herencia (esto es, de lo que habremos de recibir -Romanos 8:18) hasta el día en que se hará efectiva nuestra
redención -nuestro rescate- por haber sido comprados a precio de la sangre de
Cristo (Efesios 1:13), en el día en
que se manifestará nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y en que, finalmente,
se habrá de manifestar nuestra naturaleza como hijos de Dios (1era Juan 3:1-3).
Ante
semejante enormidad de beneficios dados por nuestro Dios, podemos exclamar
también nosotros, como está escrito:
“¡Oh profundidad
de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán insondables son
sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Porque
¿Quién entendió la
mente del Señor?
¿O quién fue su
consejero?
¿O quien le dio a él
primero, para que le fuese recompensado?
Porque de él, y por
él, y para él, son todas las cosas.
A él sea la gloria por
los siglos. Amén.”
Romanos 11:33-36
Teniendo
pues en claro que todo creyente es como hijo de Dios, una nueva criatura,
volvemos al principio doctrinal dado al inicio de esta disertación: Que nuestro Dios nos
hace entender, por medio de las cosas hechas por él, lo invisible de él. Por
lo tanto, para entender cómo habrá de desarrollarse esta “vida espiritual”, nuestro
Dios ha usado siete términos o expresiones de nuestra “vida terrenal” para
ilustrarnos diversos momentos de la vida del creyente:
1)
Recién nacidos (1era
Pedro 2:1-3)
El creyente, si bien es ahora morada de Dios
mismo en el Espíritu, y es hijo de Dios con todos los beneficios que Cristo
Jesús nuestro Señor y Salvador le ha dado, ha nacido de nuevo y una nueva vida
tiene por delante.
Por tal razón un recién nacido debe, al mismo tiempo:
a) Desechar todo lo malo que formaba parte de su
vida despojándose de este (ahora) “viejo hombre” que aún tiene, por estar
viciado conforme a los deseos engañosos (Efesios
4:22, Colosenses 3:1-11)
b) Desear como niño “recién nacido” aquella “leche”
(espiritual 1era Corintios 2:12-14 y
no adulterada 2da Corintios 2:17, 4:2)
compuesta de los rudimentos -las bases, las primeras enseñanzas- de la doctrina
de Cristo, esto es, de las palabras de Dios (Hebreos 5:11-6:3).
En ambas acciones simultáneas, intervienen la
palabra de Dios y el Espíritu de Dios, más la decisión siempre recae en el
recién nacido.
2)
Hijitos (Gálatas 4:19).
Hijito es el estado inmediato posterior a la
condición de recién nacido, pues aún no está Cristo formado en él. Pero
habiendo nacido de nuevo, tiene que recibir la doctrina propia para su
condición. Así, un hijito:
a) Tiene una relación directa
y cercana con el Señor Jesús,
tal como él la tuvo con sus discípulos (Juan
13:33) quienes recibieron de parte de él, Su Mandamiento (Juan 13:34-35). Esta relación directa y
cercana con el Señor Jesús, toma una nueva forma: Jesús ya no sólo es su Señor
(Dios) y su Salvador, sino que ahora es también, su amigo (Juan 13:13-15). Pero esta nueva forma la dio a sus discípulos; no a
todos los que estaban con él.
El creyente
(recién nacido) cuando ya ha recibido los primeros rudimentos de la doctrina de
Cristo, cuando es un hijito, puede
decidir seguirle, esto es, decide ser su discípulo y logra así, lo mismo que
los primeros discípulos, una relación aún más estrecha y de más confianza, pues
que el Señor dio a conocer a sus discípulos todo lo que el Padre le dio.
Y esta relación cercana es propiciada por el mismo Dios en la persona de Cristo
Jesús nuestro Señor y Salvador (Romanos
10:20), quien permanece siempre cercano a sus discípulos, aun cuando éstos
vuelvan atrás y estando lejos, no le reconozcan (Juan 21:1-14); con lo cual se cumple también lo que está escrito:
“Si fuéremos
infieles, él permanece fiel;
El no puede negarse a sí mismo.”
2da Timoteo 2:13
b) Por la fe que es en Cristo Jesús y que no es
común, el hijito ha de ser clara y
plenamente consciente que:
(1) Sus pecados han sido
perdonados por el nombre de Cristo Jesús (1era Juan 2:12).
(2) En el nombre de Cristo
Jesús puede restablecer la comunión con Dios, cuando ha tropezado (1era
Juan 2:1).
(3) Ha conocido a Dios Padre -o
mejor, ha sido conocido por el Padre- (1era
Juan 2:13); y lo ha conocido como
verdaderamente es: El único Dios verdadero (Juan 17:3) y esto por Cristo Jesús quien lo ha dado a conocer (Juan 1:18, 10:30, 17:18-26). Y esto es,
la vida eterna. Una relación eterna con el único Dios verdadero, la cual nada
ni nadie puede romper pues la garantiza Dios mismo, Padre Hijo y Espíritu Santo
como está escrito:
“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo
les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” Juan
10:27-28 (por el Hijo).
Mi
Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la
mano de mi Padre” Juan 10:29 (por el Padre).
“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre,
y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
el
Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le
conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en
vosotros.” Juan 14:15-17 (por el Espíritu).
Por lo tanto, el
hijito ha de tener en claro que Dios mismo ha hecho morada en él, y estará con
él, para siempre (Efesios 2:22).
También es
plenamente consciente que:
(4) Le ha tocado vivir el
último tiempo que Dios otorga a todos los hombres en todo lugar,
para que se arrepientan; tiempo en
el cual Dios en su paciencia a decidido pasar por alto los pecados pasados a
fin de manifestar ahora su justicia, la que es por la fe de Jesús (Romanos 3:21-26), antes del
cumplimiento de los tiempos que él ha prefijado, en los cuales habrá de
ejecutar su juicio sobre toda la tierra por aquel Varón que el designó a quien
resucitó de entre los muertos (Hechos
17:29-30), a Jesús su amado hijo, quien nos libra de la ira venidera (1era Tesalonicenses 1:8-10).
Este último
tiempo (esta última oportunidad que Dios da a todos los hombres, para que se
arrepientan) es la dispensación del cumplimiento de los tiempos prefijados por
él (Efesios 1:9-10), en el cual
debemos mirar con diligencia cómo andamos, porque los días son malos (Efesios 5:15-16).
También el hijito ha de tener en
cuenta que en este último tiempo debe andar sabiamente para con “los de afuera
(esto es, los no creyentes)” redimiendo el tiempo (Colosenses 4:5-6) esto es, proclamando en todo tiempo y en todo
lugar, libertad para los que aún están cautivos del pecado y de la muerte (como
también él lo estuvo en otro tiempo, Romanos
6:15-23), que fue, como dijo el profeta Isaías sobre el Señor Jesús mismo,
como está escrito:
“Y se le dio el libro del profeta Isaías;
y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba
escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
por cuanto me ha ungido para dar
buenas nuevas a los pobres;
me ha enviado a sanar a los
quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del
Señor.”
Lucas
4:17-19
Asimismo, el hijito debe considerar que este
último tiempo que le ha tocado vivir (lo mismo que a todos nosotros) tiene una
nefasta característica: muchos anticristos han surgido, y salieron de entre los
creyentes pues se hacían pasar por éstos (1era
Juan 2:18-19), por lo cual debe andar como es digno de la vocación con que
ha sido llamado. Y debe tener en cuenta sobre esto, algunas cosas importantes:
a. Que tenemos la “unción del
Santo”. El Espíritu de Dios mora en nosotros y nos
permite conocer la verdad sobre éstos que se dicen ser hermanos, pero que no lo
son, sino que mienten (1era Juan 2:20-25) a través de las Sagradas Escrituras.
b. Que tenemos que “probar” a
quienes son creyentes de los que no solamente no lo son, sino que sirven como falsos profetas, diferenciando así el hijo de Dios, la verdad del error: Todo aquel que niega que Jesucristo ha
venido en carne, también niega a Dios Padre, puesto que son uno. Y todo aquel
que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios y no tiene al
Espíritu Santo, sino que tiene el espíritu del anticristo, el cual ahora ya
está en el mundo (1era Juan 4:1-5).
El anticristo es aquel
inicuo que se hace pasar por Dios, aunque se opone y se levanta contra él (2da Tesalonicenses 2:4) y cuya obra -el
misterio de la iniquidad- está en acción, pero es detenida por “alguien” hasta
que éste “sea quitado” de en medio.
Cuando el Señor
venga por nosotros (1era Tesalonicenses
4:17), el Espíritu Santo que está con nosotros según la promesa, para
siempre, se irá también con nosotros. Solo Dios tiene el poder para detener el
accionar de Satanás y si bien permite que, en misterio, la iniquidad esté en
acción, no permitirá que aquel inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás,
se manifieste, hasta que nos lleve arriba, para estar siempre con el Señor (Juan 14:1-4, 17:20-24).
c. Que en este último tiempo que le
ha tocado vivir lo mismo a que a nosotros (la dispensación
del cumplimiento de los tiempos prefijados por Dios) habrá,
en semejanza a los postreros días (esto es, los días del
cumplimiento de todo lo que Dios ha preestablecido para con su pueblo Israel y
para con toda la tierra; postreros días donde vendrán tiempos peligrosos,
porque habrá hombres malos, que tendrán apariencia de piedad, pero que negarán
la eficacia de ella como está escrito 2da
Timoteo 3:1-8), hombres malos que (1)
resisten a la verdad, (2) son corruptos de entendimiento y (3) son réprobos en
cuanto a la fe, pues dice también la Escritura “no es de todos la fe” (2da Tesalonicenses 3:1-2). A estos hombres malos, debe por mandato de Dios, evitar.
d. Que en este último tiempo que le
ha tocado vivir, tiempo de
dispensación hecha por Dios, y tiempo en que (como en los postreros días habrá)
hay hombres malos que no tienen la fe, a más de quienes niegan que Jesucristo
quien es Dios, ha venido en carne, puede andar
confiadamente haciendo el bien, andando por el camino de buenas obras que Dios
preparó de antemano para que anduviésemos en ellas porque, como está escrito por su siervo Pablo,
hablando de los hombres perversos y malos, que no tienen la fe:
“Pero fiel es el
Señor, que os afirmará y guardará del mal.”
2da Tesalonicenses 3:4
Y también
hablando su siervo Juan sobre los que no confiesan que Jesucristo ha venido en
carne, dice:
“Hijitos,
vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en
vosotros, que el que está en el mundo.” 1era Juan 4:4
Por lo tanto, el
hijito de Dios goza de una victoria inigualable e incomparable no por su poder
o piedad, sino por Dios mismo que en Espíritu, mora en él. Lo único que
necesita hacer para andar en tal victoria es llamar al Señor Jesús, Maestro, y
comenzar a seguirle como su discípulo.
e. Y para seguir al Señor Jesús como su
discípulo, debe tener presente el mandamiento que él dejó a sus discípulos la
noche antes que fuese entregado para que se cumpliese todo aquello que estaba
escrito sobre él:
“Hijitos, aún estaré con vosotros un poco.
Me
buscaréis;
pero
como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros
no podéis ir.
Un
mandamiento nuevo os doy:
Que
os améis unos a otros;
como
yo os he amado, que también os améis unos a otros.
En
esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con
los otros” Juan
13:33-35
Y también declaró
a sus discípulos, diciendo:
“Como el Padre me ha amado,
Así
también yo os he amado;
permaneced
en mi amor.
Si
guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor;
así
como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
Estas
cosas os he hablado, para que mi gozo esté con vosotros, y vuestro gozo sea
cumplido.
Este
es mi mandamiento:
Que
os améis unos a otros, como yo os he amado.” Juan 15:9-12
Por tanto, el hijito que decide seguir
a Cristo como su discípulo debe permanecer en él y en sus palabras; pues de
esta manera glorificará a (esto es, dará a conocer la presencia de) Dios Padre
y será verdaderamente un discípulo de Cristo Jesús, como está escrito:
“Si permanecéis en mí,
y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid todo lo que queréis, y os será
hecho.
En esto es glorificado mi Padre, en
que llevéis mucho fruto,
y seáis así mis discípulos.”
Juan 15:7-8
Y esto de permanecer en él, nos
librará también ser avergonzados en su presencia en su venida, como está
escrito:
1era Juan 2:28
Pues todos hemos de comparecer ante el
tribunal de Cristo, donde daremos cuenta de lo que hicimos estando en el
cuerpo, como dice:
“Porque es necesario que todos comparezcamos ante el
tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho estando en
el cuerpo, sea bueno o sea malo.”
2da
Corintios 5:9
Y también:
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que
está puesto, el cual es Jesucristo.
Y si sobre ese fundamento alguno edificare oro, plata,
piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará
manifiesta;
porque el día la declarará, pues por el fuego será
revelada; y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará.
Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó,
recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, sufrirá pérdida, si bien
el mismo será salvo, aunque así como por fuego.”
1era
Corintios 3:11-15
Por esto es necesario enseñar al creyente,
como hijito de nuestra común fe, lo que está escrito:
“Hijitos, nadie os engañe;
el que hace justicia es justo, como él es justo.” 1era Juan 3:7
Y sobre el hacer justicia, y del hecho que
tendremos que dar cuenta, también dice la Escritura:
“Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun
más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin
de que seas sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos
de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.”
Filipenses
1:9-11
En cuanto al ser sinceros, dice también la
Escritura sobre nuestro amor como discípulos de Cristo:
1era Juan 3:18
Y sobre la fidelidad de nuestro amor a Dios en
Cristo Jesús, dice:
“Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.”
1era Juan
5:21
Finalmente
vemos, hermanos, que el último pasaje de la Escritura referido a los hijitos
les dice esto, de guardarse de los ídolos, esto es, de todo aquello que puede
ser instrumento para la idolatría.
Por
lo tanto, los creyentes que, habiendo recibido los rudimentos de la doctrina de
Cristo, y habiendo recibido la doctrina sobre el llamamiento de Dios en Cristo
y de todo lo que hasta aquí hemos visto dice la Escritura sobre los discípulos
de Cristo en lo que a su mandamiento se refiere; son llamados a una cosa:
Fidelidad, absoluta.
Para
ser discípulo del Señor Jesús debemos estar dispuestos a serle fieles,
renunciando a todo aquello que obstaculiza nuestra sincera mirada hacia arriba,
donde está Cristo y de donde le esperamos para reunirnos con él y ante quien
habremos de dar cuenta sobre lo que hicimos durante nuestro andar en el Camino
que Dios ha prefijado para nosotros, que no es otro que la vida de Cristo
mismo, como él mismo declaró a Tomás delante de los demás discípulos, la noche
que fue entregado:
“Jesús le dijo:
Yo soy el camino, y la
verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino
por mí.”
Juan 14:6
El creyente que pasó de ser un recién
nacido y ha alcanzado la condición de hijito delante Dios, es llamado por
nuestro Señor y Salvador Jesucristo a seguirle como su discípulo; pero para
hacerlo, debe renunciar a todo lo que posee que, en sentido espiritual, implica
claramente todo aquello a lo que rendía (cual idolatría) su pleno servicio,
como está escrito:
“Ningún siervo
puede servir a dos señores;
porque o aborrecerá al uno y
amará al otro, o
estimará al uno y
menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a
las riquezas.”
Lucas 16:13
La avaricia es definida claramente en
la Escritura, como idolatría (Colosenses
3:5) y al igual que al resto de cosas que son terrenales y que “poseemos”
(cuyo listado está escrito en Colosenses
3:5-9), debemos hacerla morir, dejándola (Colosenses 3:8). Nuevamente vemos aquí el llamamiento de Dios no
solo a una vida santa, sino a una vida de constante crecimiento que parte de
dejar atrás todo aquello que se interpone entre Dios y el creyente, hasta
llegar a ser perfeccionado y comenzar a reflejar la vida de Cristo mismo en
nosotros, como cristianos (pues escrito está que es a los discípulos enseñados
-perfeccionados- y no a los creyentes solamente, que se les llamó “cristianos”
y esto, en la iglesia de Antioquía como dice Hechos 11:26), tal y como está escrito:
“Y él mismo constituyó a unos,
apóstoles;
a otros, profetas;
a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros,
a fin de perfeccionar a los santos para la obra del
ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos
a la unidad de la fe y del conocimiento de Dios, a un varón perfecto, a la
medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”
Efesios
4:11-13
Por
todo esto hermanos, les exhorto siempre con plena humildad y certidumbre de fe,
a oír el llamado de Dios en la persona de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nuestro
Maestro y a seguirle, renunciando a todo aquello que según la carne poseemos,
lo cual para nada aprovecha.
Sigamos y sirvamos al Dios vivo y verdadero, que no olvida nuestro trabajo y fatiga (Hebreos 6:10), sino que es como dice la Escritura, galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6; Apocalipsis 22:12), para que podamos presentarnos delante de él con frutos agradables a Dios, y podamos hacer y decir también nosotros cuando siendo recompensados ante el tribunal de Cristo con las coronas que él ha prometido, lo que vio su siervo Juan en visión que le fue dada, sobre aquellos veinticuatro ancianos sentados en tronos alrededor del trono de Dios Padre:
“los veinticuatro
ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que
vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono,
diciendo:
Señor, digno eres de
recibir la gloria, y la honra y el poder: porque tú creaste todas las cosas, y
por tu voluntad existen y fueron creadas.” Apocalipsis 4:10
Y
de estos ancianos, también dice:
“y cantaban un
nuevo cántico, diciendo:
Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos;
Porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido
para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y
reinaremos sobre la tierra.”
Apocalipsis 5:9-10
Por
lo cual cabe decir como en otra parte dice la Escritura sobre la relación que
como Padre a hijos Dios nos ha concedido por causa de la cual nos es demandada
la santificación; ante toda esta enormidad insondable de la gracia de Dios para
con nosotros, lo que está escrito:
“Así que,
amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de
carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.”
2da Corintios 7:1
Y
sobre nuestra esperanza, que no avergüenza, dice:
“Amados, ahora
somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser;
pero sabemos que cuando él se
manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
Y todo aquel que tiene esta
esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.”
1era Juan 3:2-3
Entendiendo
pues, que todo este gran beneficio nos ha sido dado por la gracia de nuestro
Dios, quien es el único Dios verdadero y que se ha manifestado a nosotros en la
persona de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y que ahora está en nosotros
por su Espíritu que nos ha derramado, tengamos siempre presente lo que está
escrito en la palabra de Dios:
“Porque la gracia
de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,
enseñándonos que,
renunciando a la impiedad y a los
deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando
la esperanza bienaventurada y
la manifestación gloriosa de nuestro
gran Dios y Salvador Jesucristo,
quien se dio a sí mismo por nosotros
para redimirnos de toda iniquidad y
purificar para sí un pueblo propio,
celoso de buenas obras.”
Tito 2:11-15
Tengamos
pues presente hermanos amados, esto:
Cuando
el creyente ha nacido, es puesto por nuestro Dios en el Camino.
Cuando
habiendo recibido la leche espiritual no adulterada, que son los rudimentos de
la doctrina de Cristo, se entiende y reconoce como hijo de Dios (a quien
tiernamente el Padre llama, hijito) mira lo que tiene por delante al final del
camino, que es el llegar a ser como Cristo, para alabanza de la gloria de la
gracia de Dios.
Cuando
decide despojarse de todo peso y del pecado que le asedia, entonces comienza a
andar por el Camino en el que ha sido puesto por Dios, y cuando eso pasa, el
creyente ha pasado a ser un discípulo de Cristo.
Que
la gracia de Dios nuestro Padre y de Jesucristo nuestro Señor y Salvador sea
manifestada en sus vidas siempre, sujetos a la doctrina de Cristo que por el
Espíritu mismo de Dios (que mora en nosotros) nos es revelada, y que
despojándonos de todo pecado y renunciando a toda maldad, sigamos andando
siempre como es digno de Dios, quien nos llamó a su gloria y gracia, por
Jesucristo nuestro Señor, quien es justamente el único Camino para llegar a
Dios Padre, siéndole agradable en todo.
La
gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos los que le aman su venida.
Amén.
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