Segundo tratado, primera parte

 Escrito está:

"Después fue Bernabé a Tarso para buscar a Saulo;
y hallándole, le trajo a Antioquía.
Y se congregaron allí todo un año con la iglesia,
y enseñaron a mucha gente;
y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez
en Antioquía."




A todos los hermanos en Cristo Jesús: Gracia y paz les sean multiplicadas, de Dios nuestro Padre y de nuestro Señor Jesucristo.

Doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo nuestro Señor y Salvador, por esta segunda oportunidad que da a su siervo para poder escribirles, y ruego al Dios y Padre nuestro que les dé, conforme a su buena voluntad para con todos nosotros, pleno entendimiento de todo aquello que él nos ha manifestado según el designio de su voluntad, en las sagradas Escrituras; por lo cual digo a cada uno de los que leen, lo mismo que el apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo, escribiera a Timoteo, según está escrito:
 “Considera lo que te digo, y el Señor te dé entendimiento en todo. 1era Timoteo 2:7

Hablando Pablo inspirado por el Espíritu a los hermanos que vivían en Roma sobre los que no han conocido a Dios, dijo:
Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.” Romanos 1:20

Y este principio, esto es, el hecho que nuestro Dios nos hace entender, por medio de las cosas hechas por él, lo invisible de él, fue también declarado desde tiempo antiguo a la nación de Israel, cuando dijo:
"Los cielos cuentan la gloria de Dios,
Y el firmamento anuncia la obra de sus manos." Salmo 19:1
Ahora bien; teniendo este principio presente, recordemos que todo aquel que creyó en el testimonio acerca de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, dado por su Espíritu por medio de las Sagradas Escrituras, es llamado por Dios, una nueva creación, una nueva criatura, como está escrito:
De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es;
las cosas viejas pasaron;
he aquí todas son hechas nuevas.”  2da Corintios 5:17

El creyente es aquel que habiendo recibido la palabra de Dios anunciada por parte de sus hijos, la ha oído y la ha recibido verdaderamente como lo que es, la palabra de Dios, la cual actúa poderosamente en el creyente (1era Tesalonicenses 2:13) quien ha recibido a Cristo como quien es: Dios manifestado en carne (Juan 8:54, 10:30; 1era Timoteo 3:16). Por lo cual, el creyente:

-          Ha sido hecho hijo de Dios por la potestad dada por Cristo mismo y por la voluntad de Dios (Mateo 28:18, Juan 1:12, Efesios 1:3-6).

-          Ha sido justificado -el ser declarado justo- (Romanos 5:8) lo cual le da paz para con Dios (Romanos 5:1); paz dada por Cristo mismo.

-          Ha sido puesto por la fe y por Cristo mismo, en la gracia en la que ahora está firme (Romanos 5:2) y que lo libera del poder del pecado en su vida y de la ley que Dios diera a los hijos de Israel (Romanos 6:14).

-          Ha sido sellado con el Espíritu mismo de Dios (su presencia permanente en el creyente) quien le da testimonio de su condición de hijo de Dios (Romanos 8:16) y quien representa un “primer adelanto” de nuestra herencia (esto es, de lo que habremos de recibir -Romanos 8:18) hasta el día en que se hará efectiva nuestra redención -nuestro rescate- por haber sido comprados a precio de la sangre de Cristo (Efesios 1:13), en el día en que se manifestará nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y en que, finalmente, se habrá de manifestar nuestra naturaleza como hijos de Dios (1era Juan 3:1-3).

Ante semejante enormidad de beneficios dados por nuestro Dios, podemos exclamar también nosotros, como está escrito:

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!
¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!
Porque
¿Quién entendió la mente del Señor?
¿O quién fue su consejero?
¿O quien le dio a él primero, para que le fuese recompensado?
Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas.
A él sea la gloria por los siglos. Amén.”
Romanos 11:33-36


Teniendo pues en claro que todo creyente es como hijo de Dios, una nueva criatura, volvemos al principio doctrinal dado al inicio de esta disertación: Que nuestro Dios nos hace entender, por medio de las cosas hechas por él, lo invisible de él. Por lo tanto, para entender cómo habrá de desarrollarse esta “vida espiritual”, nuestro Dios ha usado siete términos o expresiones de nuestra “vida terrenal” para ilustrarnos diversos momentos de la vida del creyente:
1)     Recién nacidos (1era Pedro 2:1-3)
El creyente, si bien es ahora morada de Dios mismo en el Espíritu, y es hijo de Dios con todos los beneficios que Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador le ha dado, ha nacido de nuevo y una nueva vida tiene por delante.
Por tal razón un recién nacido debe, al mismo tiempo:
a)     Desechar todo lo malo que formaba parte de su vida despojándose de este (ahora) “viejo hombre” que aún tiene, por estar viciado conforme a los deseos engañosos (Efesios 4:22, Colosenses 3:1-11)
b)     Desear como niño “recién nacido” aquella “leche” (espiritual 1era Corintios 2:12-14 y no adulterada 2da Corintios 2:17, 4:2) compuesta de los rudimentos -las bases, las primeras enseñanzas- de la doctrina de Cristo, esto es, de las palabras de Dios (Hebreos 5:11-6:3).
En ambas acciones simultáneas, intervienen la palabra de Dios y el Espíritu de Dios, más la decisión siempre recae en el recién nacido.


2)     Hijitos (Gálatas 4:19).
Hijito es el estado inmediato posterior a la condición de recién nacido, pues aún no está Cristo formado en él. Pero habiendo nacido de nuevo, tiene que recibir la doctrina propia para su condición. Así, un hijito:
a)     Tiene una relación directa y cercana con el Señor Jesús, tal como él la tuvo con sus discípulos (Juan 13:33) quienes recibieron de parte de él, Su Mandamiento (Juan 13:34-35). Esta relación directa y cercana con el Señor Jesús, toma una nueva forma: Jesús ya no sólo es su Señor (Dios) y su Salvador, sino que ahora es también, su amigo (Juan 13:13-15). Pero esta nueva forma la dio a sus discípulos; no a todos los que estaban con él.

El creyente (recién nacido) cuando ya ha recibido los primeros rudimentos de la doctrina de Cristo, cuando es un hijito, puede decidir seguirle, esto es, decide ser su discípulo y logra así, lo mismo que los primeros discípulos, una relación aún más estrecha y de más confianza, pues que el Señor dio a conocer a sus discípulos todo lo que el Padre le dio. Y esta relación cercana es propiciada por el mismo Dios en la persona de Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador (Romanos 10:20), quien permanece siempre cercano a sus discípulos, aun cuando éstos vuelvan atrás y estando lejos, no le reconozcan (Juan 21:1-14); con lo cual se cumple también lo que está escrito:
Si fuéremos infieles, él permanece fiel;
El no puede negarse a sí mismo.
                                                         2da Timoteo 2:13              
  
b)     Por la fe que es en Cristo Jesús y que no es común, el hijito ha de ser clara y plenamente consciente que:

(1)   Sus pecados han sido perdonados por el nombre de Cristo Jesús (1era Juan 2:12).

(2)   En el nombre de Cristo Jesús puede restablecer la comunión con Dios, cuando ha tropezado (1era Juan 2:1).

(3)   Ha conocido a Dios Padre -o mejor, ha sido conocido por el Padre- (1era Juan 2:13); y lo ha conocido como verdaderamente es: El único Dios verdadero (Juan 17:3) y esto por Cristo Jesús quien lo ha dado a conocer (Juan 1:18, 10:30, 17:18-26). Y esto es, la vida eterna. Una relación eterna con el único Dios verdadero, la cual nada ni nadie puede romper pues la garantiza Dios mismo, Padre Hijo y Espíritu Santo como está escrito:

Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Juan 10:27-28 (por el Hijo).

Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre Juan 10:29 (por el Padre).

Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” Juan 14:15-17 (por el Espíritu).

Por lo tanto, el hijito ha de tener en claro que Dios mismo ha hecho morada en él, y estará con él, para siempre (Efesios 2:22).

También es plenamente consciente que:

(4)   Le ha tocado vivir el último tiempo que Dios otorga a todos los hombres en todo lugar, para que se arrepientan; tiempo en el cual Dios en su paciencia a decidido pasar por alto los pecados pasados a fin de manifestar ahora su justicia, la que es por la fe de Jesús (Romanos 3:21-26), antes del cumplimiento de los tiempos que él ha prefijado, en los cuales habrá de ejecutar su juicio sobre toda la tierra por aquel Varón que el designó a quien resucitó de entre los muertos (Hechos 17:29-30), a Jesús su amado hijo, quien nos libra de la ira venidera (1era Tesalonicenses 1:8-10).

Este último tiempo (esta última oportunidad que Dios da a todos los hombres, para que se arrepientan) es la dispensación del cumplimiento de los tiempos prefijados por él (Efesios 1:9-10), en el cual debemos mirar con diligencia cómo andamos, porque los días son malos (Efesios 5:15-16).

También el hijito ha de tener en cuenta que en este último tiempo debe andar sabiamente para con “los de afuera (esto es, los no creyentes)” redimiendo el tiempo (Colosenses 4:5-6) esto es, proclamando en todo tiempo y en todo lugar, libertad para los que aún están cautivos del pecado y de la muerte (como también él lo estuvo en otro tiempo, Romanos 6:15-23), que fue, como dijo el profeta Isaías sobre el Señor Jesús mismo, como está escrito:

Y se le dio el libro del profeta Isaías;
y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí,
por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.
Lucas 4:17-19

Asimismo, el hijito debe considerar que este último tiempo que le ha tocado vivir (lo mismo que a todos nosotros) tiene una nefasta característica: muchos anticristos han surgido, y salieron de entre los creyentes pues se hacían pasar por éstos (1era Juan 2:18-19), por lo cual debe andar como es digno de la vocación con que ha sido llamado. Y debe tener en cuenta sobre esto, algunas cosas importantes:

a.     Que tenemos la “unción del Santo”. El Espíritu de Dios mora en nosotros y nos permite conocer la verdad sobre éstos que se dicen ser hermanos, pero que no lo son, sino que mienten (1era Juan 2:20-25) a través de las Sagradas Escrituras.

b.   Que tenemos que “probar” a quienes son creyentes de los que no solamente no lo son, sino que sirven como falsos profetas, diferenciando así  el hijo de Dios, la verdad del error: Todo aquel que niega que Jesucristo ha venido en carne, también niega a Dios Padre, puesto que son uno. Y todo aquel que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios y no tiene al Espíritu Santo, sino que tiene el espíritu del anticristo, el cual ahora ya está en el mundo (1era Juan 4:1-5).

El anticristo es aquel inicuo que se hace pasar por Dios, aunque se opone y se levanta contra él (2da Tesalonicenses 2:4) y cuya obra -el misterio de la iniquidad- está en acción, pero es detenida por “alguien” hasta que éste “sea quitado” de en medio.

Cuando el Señor venga por nosotros (1era Tesalonicenses 4:17), el Espíritu Santo que está con nosotros según la promesa, para siempre, se irá también con nosotros. Solo Dios tiene el poder para detener el accionar de Satanás y si bien permite que, en misterio, la iniquidad esté en acción, no permitirá que aquel inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, se manifieste, hasta que nos lleve arriba, para estar siempre con el Señor (Juan 14:1-4, 17:20-24).

c.     Que en este último tiempo que le ha tocado vivir lo mismo a que a nosotros (la dispensación del cumplimiento de los tiempos prefijados por Dios) habrá, en semejanza a los postreros días (esto es, los días del cumplimiento de todo lo que Dios ha preestablecido para con su pueblo Israel y para con toda la tierra; postreros días donde vendrán tiempos peligrosos, porque habrá hombres malos, que tendrán apariencia de piedad, pero que negarán la eficacia de ella como está escrito 2da Timoteo 3:1-8), hombres malos que (1) resisten a la verdad, (2) son corruptos de entendimiento y (3) son réprobos en cuanto a la fe, pues dice también la Escritura “no es de todos la fe” (2da Tesalonicenses 3:1-2). A estos hombres malos, debe por mandato de Dios, evitar.

d.   Que en este último tiempo que le ha tocado vivir, tiempo de dispensación hecha por Dios, y tiempo en que (como en los postreros días habrá) hay hombres malos que no tienen la fe, a más de quienes niegan que Jesucristo quien es Dios, ha venido en carne, puede andar confiadamente haciendo el bien, andando por el camino de buenas obras que Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas porque, como está escrito por su siervo Pablo, hablando de los hombres perversos y malos, que no tienen la fe:
Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.
2da Tesalonicenses 3:4

Y también hablando su siervo Juan sobre los que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne, dice:
Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido; porque mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo.  1era Juan 4:4

Por lo tanto, el hijito de Dios goza de una victoria inigualable e incomparable no por su poder o piedad, sino por Dios mismo que en Espíritu, mora en él. Lo único que necesita hacer para andar en tal victoria es llamar al Señor Jesús, Maestro, y comenzar a seguirle como su discípulo.

e.  Y para seguir al Señor Jesús como su discípulo, debe tener presente el mandamiento que él dejó a sus discípulos la noche antes que fuese entregado para que se cumpliese todo aquello que estaba escrito sobre él:

Hijitos, aún estaré con vosotros un poco.
Me buscaréis;
pero como dije a los judíos, así os digo ahora a vosotros: A donde yo voy, vosotros no podéis ir.
Un mandamiento nuevo os doy:
Que os améis unos a otros;
como yo os he amado, que también os améis unos a otros.
En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros Juan 13:33-35

Y también declaró a sus discípulos, diciendo:
Como el Padre me ha amado,
Así también yo os he amado;
permaneced en mi amor.
Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor;
así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor.
Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté con vosotros, y vuestro gozo sea cumplido.
Este es mi mandamiento:
Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Juan 15:9-12


Por tanto, el hijito que decide seguir a Cristo como su discípulo debe permanecer en él y en sus palabras; pues de esta manera glorificará a (esto es, dará a conocer la presencia de) Dios Padre y será verdaderamente un discípulo de Cristo Jesús, como está escrito:

Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid todo lo que queréis, y os será hecho.
En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto,
y seáis así mis discípulos.
Juan 15:7-8

Y esto de permanecer en él, nos librará también ser avergonzados en su presencia en su venida, como está escrito:

1era Juan 2:28


Pues todos hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, donde daremos cuenta de lo que hicimos estando en el cuerpo, como dice:

Porque es necesario que todos comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho estando en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
2da Corintios 5:9


Y también:

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo.
Y si sobre ese fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta;
porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cual sea, el fuego la probará.
Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, sufrirá pérdida, si bien el mismo será salvo, aunque así como por fuego.
1era Corintios 3:11-15


Por esto es necesario enseñar al creyente, como hijito de nuestra común fe, lo que está escrito:

Hijitos, nadie os engañe;
el que hace justicia es justo, como él es justo.1era Juan 3:7


Y sobre el hacer justicia, y del hecho que tendremos que dar cuenta, también dice la Escritura:

Y esto pido en oración, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento, para que aprobéis lo mejor, a fin de que seas sinceros e irreprensibles para el día de Cristo, llenos de frutos de justicia que son por medio de Jesucristo, para gloria y alabanza de Dios.
Filipenses 1:9-11


En cuanto al ser sinceros, dice también la Escritura sobre nuestro amor como discípulos de Cristo:

1era Juan 3:18

Y sobre la fidelidad de nuestro amor a Dios en Cristo Jesús, dice:
Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén.
1era Juan 5:21


Finalmente vemos, hermanos, que el último pasaje de la Escritura referido a los hijitos les dice esto, de guardarse de los ídolos, esto es, de todo aquello que puede ser instrumento para la idolatría.

Por lo tanto, los creyentes que, habiendo recibido los rudimentos de la doctrina de Cristo, y habiendo recibido la doctrina sobre el llamamiento de Dios en Cristo y de todo lo que hasta aquí hemos visto dice la Escritura sobre los discípulos de Cristo en lo que a su mandamiento se refiere; son llamados a una cosa: Fidelidad, absoluta.

Para ser discípulo del Señor Jesús debemos estar dispuestos a serle fieles, renunciando a todo aquello que obstaculiza nuestra sincera mirada hacia arriba, donde está Cristo y de donde le esperamos para reunirnos con él y ante quien habremos de dar cuenta sobre lo que hicimos durante nuestro andar en el Camino que Dios ha prefijado para nosotros, que no es otro que la vida de Cristo mismo, como él mismo declaró a Tomás delante de los demás discípulos, la noche que fue entregado:
Jesús le dijo:
Yo soy el camino, y la verdad, y la vida;
nadie viene al Padre, sino por mí.
 Juan 14:6

El creyente que pasó de ser un recién nacido y ha alcanzado la condición de hijito delante Dios, es llamado por nuestro Señor y Salvador Jesucristo a seguirle como su discípulo; pero para hacerlo, debe renunciar a todo lo que posee que, en sentido espiritual, implica claramente todo aquello a lo que rendía (cual idolatría) su pleno servicio, como está escrito:

Ningún siervo puede servir a dos señores;
porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o
estimará al uno y menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Lucas 16:13

La avaricia es definida claramente en la Escritura, como idolatría (Colosenses 3:5) y al igual que al resto de cosas que son terrenales y que “poseemos” (cuyo listado está escrito en Colosenses 3:5-9), debemos hacerla morir, dejándola (Colosenses 3:8). Nuevamente vemos aquí el llamamiento de Dios no solo a una vida santa, sino a una vida de constante crecimiento que parte de dejar atrás todo aquello que se interpone entre Dios y el creyente, hasta llegar a ser perfeccionado y comenzar a reflejar la vida de Cristo mismo en nosotros, como cristianos (pues escrito está que es a los discípulos enseñados -perfeccionados- y no a los creyentes solamente, que se les llamó “cristianos” y esto, en la iglesia de Antioquía como dice Hechos 11:26), tal y como está escrito:
 
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles;
a otros, profetas;
a otros, evangelistas;
a otros, pastores y maestros,
a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;
Efesios 4:11-13


Por todo esto hermanos, les exhorto siempre con plena humildad y certidumbre de fe, a oír el llamado de Dios en la persona de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, nuestro Maestro y a seguirle, renunciando a todo aquello que según la carne poseemos, lo cual para nada aprovecha.

Sigamos y sirvamos al Dios vivo y verdadero, que no olvida nuestro trabajo y fatiga (Hebreos 6:10), sino que es como dice la Escritura, galardonador de los que le buscan (Hebreos 11:6; Apocalipsis 22:12), para que podamos presentarnos delante de él con frutos agradables a Dios, y podamos hacer y decir también nosotros cuando siendo recompensados ante el tribunal de Cristo con las coronas que él ha prometido, lo que vio su siervo Juan en visión que le fue dada, sobre aquellos veinticuatro ancianos sentados en tronos alrededor del trono de Dios Padre:

los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo:
Señor, digno eres de recibir la gloria, y la honra y el poder: porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.  Apocalipsis 4:10

Y de estos ancianos, también dice:

y cantaban un nuevo cántico, diciendo:
Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos;
Porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación;
y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.
Apocalipsis 5:9-10

Por lo cual cabe decir como en otra parte dice la Escritura sobre la relación que como Padre a hijos Dios nos ha concedido por causa de la cual nos es demandada la santificación; ante toda esta enormidad insondable de la gracia de Dios para con nosotros, lo que está escrito:

 Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.
 2da Corintios 7:1

Y sobre nuestra esperanza, que no avergüenza, dice:
Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser;
pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.
Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.
 1era Juan 3:2-3


Entendiendo pues, que todo este gran beneficio nos ha sido dado por la gracia de nuestro Dios, quien es el único Dios verdadero y que se ha manifestado a nosotros en la persona de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, y que ahora está en nosotros por su Espíritu que nos ha derramado, tengamos siempre presente lo que está escrito en la palabra de Dios:

Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres,
enseñándonos que,
renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y
la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo,
quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y
purificar para sí un pueblo propio,
celoso de buenas obras.
 Tito 2:11-15


Tengamos pues presente hermanos amados, esto:
Cuando el creyente ha nacido, es puesto por nuestro Dios en el Camino.

Cuando habiendo recibido la leche espiritual no adulterada, que son los rudimentos de la doctrina de Cristo, se entiende y reconoce como hijo de Dios (a quien tiernamente el Padre llama, hijito) mira lo que tiene por delante al final del camino, que es el llegar a ser como Cristo, para alabanza de la gloria de la gracia de Dios.

Cuando decide despojarse de todo peso y del pecado que le asedia, entonces comienza a andar por el Camino en el que ha sido puesto por Dios, y cuando eso pasa, el creyente ha pasado a ser un discípulo de Cristo.

Que la gracia de Dios nuestro Padre y de Jesucristo nuestro Señor y Salvador sea manifestada en sus vidas siempre, sujetos a la doctrina de Cristo que por el Espíritu mismo de Dios (que mora en nosotros) nos es revelada, y que despojándonos de todo pecado y renunciando a toda maldad, sigamos andando siempre como es digno de Dios, quien nos llamó a su gloria y gracia, por Jesucristo nuestro Señor, quien es justamente el único Camino para llegar a Dios Padre, siéndole agradable en todo.


La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos los que le aman su venida. Amén. 

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