Carta para Orar por los hermanos que han sufrido un atentado en Sutherland Springs (Estado de Texas, en los Estados Unidos de Norteamérica)
Escrito está:
pues fuimos abrumados
sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la
esperanza de conservar la vida.
Pero tuvimos en
nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros
mismos, sino en Dios que resucita a los muertos;
el cual nos libró, y
nos libra, y en quien esperamos aún nos librará, de tan gran muerte;
cooperando también
vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean
dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de
muchos."
2da Corintios 1:8-11
A
todos nuestros hermanos en Cristo Jesús, los que están lejos y los que están
cerca: Gracia, misericordia y paz, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo,
nuestra esperanza.
Debemos
dar siempre gracias a nuestro Dios y Padre por nuestro Señor Jesucristo,
porque vemos siempre y en todo lugar, cuán grande gracia extiende el Señor para
con nosotros por medio de Él, en los que hemos recibido esta sobreabundante gracia, de haber sido
hechos hijos de Dios por la adopción que Él, en su soberana potestad, nos ha
dado. Y vemos en esto que ha acontecido a nuestros hermanos en Sutherland
Springs (Estado de Texas, en los Estados Unidos de Norteamérica), también cumplido
lo que está escrito en la Palabra del Señor:
porque no es de todos
la fe.
Pero fiel es el Señor, que os afirmará y guardará del mal.”
2da
Tesalonicenses 3:1-3
Por
tanto hermanos amados por el Señor, debemos en este día y en los días
subsiguientes, confirmar el amor para con nuestros hermanos que han sufrido la
abrupta separación de nuestros hermanos sus parientes y seres queridos, por esta maldad cometida
contra ellos, y cumplir la Ley de Cristo, sobrellevando con ellos esta
tristeza, según está escrito:
Gálatas
6:2
Y
esto de confirmar el amor para con ellos, ¿Qué es, sino el mutuo
fortalecimiento por medio de la fe que nos es común a ellos y a todos nosotros
(Romanos 1:11-12)? Comuniquemos,
pues, a nuestros hermanos, este don espiritual, esta gracia que nos ha sido
dada también a nosotros, de poder interceder por nuestros hermanos en oración,
pues que somos un solo cuerpo en Cristo, y miembros los unos de los otros (Romanos 12:5), y tanto más, sabiendo
que está escrito:
“Bendecid a los que os persiguen;
bendecid, y no maldigáis.
Gozaos con los que se gozan;
llorad con los que lloran.”
Romanos 12:14-15
Hermanos
amados, recordemos que desde el antiguo pacto se dice que el gozo del Señor es
nuestra fuerza (Nehemías 8:10) y a
nosotros, el cuerpo de Cristo, que debemos fortalecernos en el Señor y en el
poder de su fuerza (Efesios 6:10). Y es el mismo Espíritu de Dios quien operó el poder de Dios en Cristo resucitándole de los muertos, y será el mismo Espíritu el que habrá de resucitar a nuestros hermanos que han dormido, el día de nuestra reunión con él. Y
quizá alguno dirá ¿Cómo es esto? ¿Gozo en medio de tan dolora situación? Para
responder a esto, amados hermanos, recuerden lo que el Espíritu de Dios declaró por medio del apóstol Pablo, según está escrito:
“Porque el Hijo de Dios, Jesucristo, que entre vosotros ha
sido predicado por nosotros,
por mí, Silvano y Timoteo, no ha sido Sí y No;
mas ha sido Sí en él;
porque todas las promesas de Dios son en él, Sí,
y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.”
2da de Corintios 1:19-20
Hermanos:
Esta leve tribulación momentánea no debe sorprendernos. Nuestros hermanos que
han sido muertos, solo lo han sido en el cuerpo. Ahora están para nosotros,
ausentes del cuerpo, pero ahora están nuestros hermanos, presentes al Señor. Y
su muerte, da testimonio de la Vida de Dios que en ellos hubo todo el tiempo de
su peregrinación en el Camino, hasta que nuestro buen Dios decidió darles
descanso, no sin antes ser glorificado en ellos, pues la promesa de la
resurrección de nuestros hermanos es en Cristo Jesús, Sí, y en Cristo Jesús,
Amén. Por tanto, como dijo el Señor Jesús:
“Mas os digo,
amigos míos:
No temáis a los que matan el
cuerpo,
y después nada más pueden
hacer.
Pero os enseñaré a quién
debéis temer:
Temed a aquel que después de
haber quitado la vida, tiene poder de echar en el infierno;
sí, os digo, a éste temed.
¿No se venden cinco
pajarillos por dos cuartos?
Con todo, ni uno de ellos
está olvidado delante de Dios.
Pues aun los cabellos de
vuestra cabeza están todos contados.
No temáis, pues;
más valéis vosotros que
muchos pajarillos.”
Lucas 12:4-7
De
la muerte segunda hemos sido todos los creyentes y los que han conocido la
Verdad, librados por la gracia de uno solo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, a quien
ahora nuestros hermanos, están presentes.
Las
lágrimas de hoy no deben evitarse. Pero no deben ser lágrimas de desolación. Deben
tan solo ser lágrimas por la pronta partida, y porque durante un tiempo no los
veremos, como quien añora al ser amado que, viajando lejos y a zona de donde no
tiene medios para comunicarse, esperamos verle al tiempo señalado. Nuestros
hermanos han sido llevados a descansar de las labores que nosotros aún tenemos
por delante, y entre tanto esperamos a nuestro amado Señor y Salvador
Jesucristo, tiempo en el cual todos seremos transformados a la imagen misma del
Autor de la Vida, para estar siempre con el Señor, sigamos andando por el
Camino que nos ha sido trazado, en el cual muchas buenas obras tenemos aún por
delante, por medio de las cuales daremos gloria a Dios, mostrando su presencia
en la faz de Jesucristo, en nuestras vidas.
Apoyemos
a nuestros hermanos en oración, rogando a nuestro buen Dios que les de ánimo por
la obra de Su Espíritu por medio de Su Palabra recibida también por nuestros
hermanos, pues sabemos que tampoco a ellos les será añadida, tristeza sobre
tristeza (Filipenses 2:25-28).
Y
si algún creyente dijere: ¿Cómo oro, si no les conozco? Tenga presente quien
pregunte de tal manera, lo que está escrito en la Palabra de Dios, como su
siervo Juan decía al hermano Gayo, sobre su servicio a los hermanos
desconocidos:
“Amado,
fielmente te conduces cuando prestas algún servicio a los
hermanos, especialmente a los desconocidos, los cuales han dado ante la iglesia
testimonio de tu amor;
y harás bien en encaminarlos como es digno de su servicio a
Dios, para que continúen su viaje.
Porque ellos salieron por amor del nombre de Él, sin
aceptar nada de los gentiles.
Nosotros, pues, debemos acoger a tales personas, para que
cooperemos con la verdad.”
3era carta de Juan, vs. 5-8
Nuestros
hermanos en Sutherland Springs (Estado de Texas, en los Estados Unidos de
Norteamérica) que han sufrido este padecimiento han dejado atrás el mundo para
seguir a Cristo, lo mismo que nosotros. No conocerlos no significa no confirmar
el amor para con ellos. Orar por ellos, para que en todo padezcan como
cristianos, dando gloria a Dios en la esperanza a que Él nos ha llamado, y aún
para que den testimonio de nuestro Dios ante quienes cometieron tal maldad, y
los parientes de éstos, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan, es lo
menos que podemos hacer para que cooperemos con la Verdad de la cual nuestros
hermanos que han quedado son hoy testigos.
A
nuestros amados hermanos que hoy han sufrido esto, paz; sabiendo que, como dice
la Escritura:
“Pues si vivimos, para el Señor vivimos;
y si morimos, para el Señor morimos.
Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.
Porque Cristo para esto murió y resucitó, y volvió a vivir,
para ser Señor así de los muertos como de los que viven.”
Romanos 14:8-9
Ahora
nuestros hermanos pueden decir a Jesús, Señor, en su presencia. Nosotros
también lo haremos. A los que han sido llamados a Su presencia, es solo un
¡Hasta pronto! A los que quedamos, nos queda seguir andando en el Camino, hasta
que el Autor de la Vida, como a su siervo Juan en visión, nos diga: “Sube acá” (Apocalipsis 4:1).
Y
mientras ellos ya han subido, nosotros, los que quedamos, digamos en respuesta
lo que Juan dijo al final de su Visión, como está escrito:
“El que da testimonio de estas cosas dice:
Ciertamente vengo en breve.
Amén;
sí, ven, Señor Jesús.”
Apocalipsis 22:20
Que
la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el único y sabio Dios, el amor del Padre
y la comunión en el Espíritu de Cristo que mora en nosotros y que nos reunirá
con él como a nuestros hermanos, sean con todos los que aman y esperan la
venida del Rey de Reyes, y Señor de Señores, el Autor de la Vida. Amén.
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